¿Quién no ha soñado con dormir en una cabaña situada en la copa de un árbol?
Ahora bien, imagina que dormir se convierte en descansar rodeado de nubes y hojas verdes que te abrazan... Sentir un contacto directo con la naturaleza y poder disfrutar de ella, saborear los placeres de un exilio en el bosque y pernoctar en un nido situado en el entramado de las ramas de un majestuoso árbol a escasos kilómetros de una vida atada a la tecnología de la cual es necesario descansar.

El aire cosmopolita que respiramos está cambiando, los árboles gimen en silencio, mostrándonos el dolor de sus antes verdes hojas... Estiércol de la avaricia humana, infestas de plagas con una efímera vida.
En un mundo en el que parece ser demasiado laborioso divertirse mientras disfrutas de un turismo responsable, ecológico y sostenible, aparece una propuesta diferente y natural en un emplazamiento sin duda privilegiado ante la majestuosidad de su ambiente.
Entre robles y helechos se encuentran increíbles cabañas sumergidas en la copa de los árboles. Se experimentan colores y aromas que te permiten saborear los sonidos del bosque en toda su pureza.
El nuevo ser es una semilla. ¿No es increíble que de su pequeñez pueda crecer el más grande de los entes vivientes con sus brazos cantando al son del viento, sus raíces comunicándose con la tierra a través del agua, mientras su robusto tronco parece sostener al mundo? Árboles; los mejores componedores de las sinfonías del viento y las cantatas a la lluvia. Esos seres que dan sombra y cobijo. Y proporcionan una inmensa paz a aquellos que les saben escuchar. Cuando dirigen sus ramas al cielo muestran con orgullo su morada, como dioses creando un paraíso terrenal.
"Sólo después de que el último árbol haya sido cortado, después de que el ultimo pez haya sido pescado, después de que el último río haya sido contaminado... sólo después, el hombres blanco descubrirá que el dinero no se puede comer". (Profecía india)
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